Lunes Jun 26

Carlos Vargas

Carlos VargasHace cuatro años, Carlos Vargas trabajaba en la carpintería de su padre, José. Por cierto, un padre carpintero de nombre José y una madre llamada María parecían predestinados a tener un hijo Jesús. Pero resistieron el tópico y nació, en la Sevilla de finales de los setenta, este Carlos Vargas que ya empieza a ser figura en la canción española. Y empieza a serlo contra sus propios pronósticos, porque Carlos no iba para cantante. Pero la feria de abril sevillana reclama tal cantidad de cantantes y guitarristas que los amigos de Carlos que, conocedores de su buena voz y su afición al flamenco, le convencieron para que animara una de las innumerables casetas del Real.
Sus actuaciones entre finos y lomo, despertaron en él la afición al cante. No había pasado mucho tiempo cuando le llamaban para pedirle otro favor: que participara en una festival de homenaje a Imperio Argentina que iba a tener lugar en el teatro Lope de Vega de la capital del Betis. Y ahí se produjo el flechazo definitivo entre Carlos Vargas y la copla. Fue la propia Imperio, Magdalena Nile del Río, quien le planteó la posibilidad de convertirse en cantante de copla. Imperio no solo adivinó el talento que había en Carlos, sino que se brindó como madrina. Era un inmenso salto en el tiempo que hermanaba a una de las pioneras de la canción española, figura universal ya en los años treinta, con Carlos Vargas, el hombre que llevará la antorcha de esa forma de hacer música en los años del primer siglo del próximo milenio. Apadrinado por la autoridad de Imperio Argentina, Carlos decidió prepararse a fondo para este nuevo desafío artístico, y a la vez profesional, y se puso a la tarea. Tomó clases del Maestro Roncales y se convirtió en un dominador de la copla clásica. Los éxitos de Antonio y Miguel de Molina, de Angelillo, Lola Flores, Juanita Reina o Manolo Caracol dejaron de tener secretos para él. Fue entonces cuando Carlos Vargas tuvo sus primeros contactos con el mundo de los estudios de grabación, pero tan solo para recrear viejas canciones sin poder aportar nada personal.
En ese momento fue contratado por Concha Márquez Piquer para su espectáculo "Coplas y canciones" con el que recorrió España durante dos años. Dentro de esa gira recaló en el recién clausurado Teatro Maravillas de Madrid en las Navidades del 97. Allí le escuchó por primera vez la crítica madrileña y fue cuando los diarios le saludaron en su comentario como "el rey de la copla joven". A partir de ese momento, y sólo han pasado catorce meses, su figura de disparó hacia el estrellato. EPIC se interesó por él y empezó un arduo trabajo para determinar el contenido de su primer disco en la compañía. Apoyándose en la vieja escuela de la copla, empezó a pensar en cómo fundirla con los sonidos de finales de siglo sin que perdiera su esencia. El resultado está en "Pasaporte al firmamento", una colección de diez grandes temas de los que ocho son totalmente nuevos y dos son homenajes, actualizados a la copla eterna. Por eso se puede afirmar que "Pasaporte al firmamento" es su nacimiento como artista discográfico.
Carlos es moderno es su concepto de la copla actual, sin embargo ha vivido ya el proceso por el que tuvieron que pasar todos sus antecesores en el mundo de la canción española. Lo que en el argot teatral se llama función y en el musical, gala, en el mundo de la copla siempre se ha llamado espectáculo. Así empezaron Miguel de Molina, Lola Flores, Rocío Jurado, Juanito Valderrama y todos y cada uno de los grandes intérpretes que ha tenido la canción española. Eran montajes en el que alternaban cantantes y bailaores que montaban el citado espectáculo a base de cuadros que permitían dramatizar las canciones y dotarlas del ambiente que las hiciera más efectivas. Carlos no quería desvirtuar su estilo, que entronca directamente con las figuras eternas de la copla, ni mimetizarse tanto en ellas que el público le viera a él como un buen imitador o a su disco como un respetuoso homenaje a los grandes nombres de antaño. Por eso "Pasaporte al firmamento" está tan bien medido. Para presentar a un joven cantante de cara al siglo XXI pero sin olvidar la extensa historia y tradición que tiene ya el género. Ocho canciones nuevas y dos que sirven como anclas para saber que toda esta música tiene sus raíces en el ayer: el gran tema de Lola Flores "Limosna de amores" y aquel aire popular que recopiló y armonizó García Lorca con el título de "Zorongo".
Todo lo demás es nuevo, como lo son los arreglos y el tratamiento de los dos temas veteranos. Es una delicia escuchar ese festivo aire gaditano del "Corre, corre" que, además de ser el primer sencillo, se convertirá en un clásico de la copla del siglo que viene. O la serena belleza de "Atado a la cintura", una rumba lenta que sonará mucho en nuestras radios en los próximos meses. "Pasaporte al firmamento", el tema que presta su título al álbum completo, está escrito por Romero Sanjuan, un maestro de la canción española desde los ochenta. Cualquiera de estos temas puede ser, y será, un single de éxito. Pero el disco de Carlos Vargas merece una visión completa, panorámica, porque tiene multitud de facetas que cada oyente puede elegir como propias, sobre todo, porque descubre un camino nuevo. Un sonido inédito para ser recorrido por la nueva copla española.
Carlos Vargas ha aparecido ya muchas veces en importantes programas musicales de televisión. Y esas apariciones han hecho que el público pidiera, reclamara, exigiera, que esa voz estuviera en disco para así poder llevarla a casa y compartir con él emociones como las que muestra en "Viento, mar, espuma y roca", quizás la más perfecta demostración de que estamos ante un cantante cuajado, ya realidad, capaz de seguir emocionando a nuevas generaciones de aficionados, como hizo la copla del ayer. Porque aparte de riqueza vocal o de maestría al frasear, un cantante como Carlos Vargas tiene un arma infalible: su capacidad para emocionarnos cuando nos canta. Con él, la copla ha encontrado un nuevo estandarte con "Pasaporte al firmamento"